El pueblo de Malinalco se encuentra al suroriente del Estado de México.
El monumento histórico más importante que tiene es su Convento del siglo XVI. Con su atrio, iglesia, claustro, capilla abierta y huerto formando una unidad, cada elemento es tan valioso como los otros.

Al principio, el huerto rodeaba el edificio del convento por los lados y la parte de atrás, colindando en sus dos extremos con el atrio.
Es el lugar donde la comunidad agustina producía árboles frutales, hierbas medicinales, plantas de flores y otros vegetales, además de criar animales domésticos útiles para sus necesidades.
Fueron muy importantes los huertos de los conventos de la Nueva España. La mayoría del territorio que ocupó el de Malinalco, sin embargo, ha desaparecido. No es la excepción. Como el caso de otros, se lo comieron casas, edificios, calles, en suma, la urbanización.
Lo que caracterizaba a esta región en cuanto a su flora era su abundancia, su variedad y los saberes que sus habitantes tenían de ella. Era una cultura ligada íntimamente a la tierra y a la naturaleza pródiga, y rica en creencias, ritos y mitos. Estas características eran compartidas por buena parte de la Mesoamérica tropical y subtropical.
Hasta entrado el siglo XX, Malinalco se distinguió por la cantidad de especies medicinales, y por su población de curanderos, personas de poder conocedoras de las propiedades de las plantas que existían en esta privilegiada y biodiversa cuenca. Por sus paisajes naturales, flora y fauna, ocupa un lugar especial del que muchas personas hoy están orgullosas.
En algunas crónicas se narra incluso que Malinalco era reconocido por la cantidad de árboles y especies maderables. Había manantiales que formaban pequeñas lagunas adonde bajaban garzas y patos y llegaban otros animales silvestres a tomar agua. Pasaban también muchas aves migratorias de distintas especies. En fin, era un lugar privilegiado que todavía podemos imaginar.

HUERTOS-JARDINES PREHISPÁNICOS Y EL CONVENTO
Los huertos eran también jardines donde las familias sembraban por el gusto de hacerlo. Había una atracción mutua entre las plantas y quienes las acercaban a ellas para cuidarlas, domesticándolas así. Nadie duda de la belleza de las flores, con ellas llegaban abejas meliponas, mariposas y radiantes escarabajos. En la huerta jardín las familias cultivaban plantas por sus propiedades medicinales, por los frutos que nos regalan por las ramas buenas para leña o para hacer cuerdas, o ropa; o por el suelo fértil que generan, o porque sí. Los huertos-jardines eran lugares gozosos y creativos; cada uno diferente, cada uno con la impronta de la familia, sus necesidades y gustos. Ahí estaban, desde la antigüedad, con nuestros antepasados.
El huerto-jardín prehispánico se adaptó perfectamente al huerto jardín del convento novohispano, donde la necesidad de flores para los oficios eclesiásticos era muy importante. Para las portadas y los altares de las capillas y la parroquia; para los arcos que se hacían para recibir a algún personaje que llegaba al pueblo; para las danzas y fiestas patronales y otras celebraciones siempre se contaba con ellas.
La orden agustina, además, valoraba especialmente los espacios para meditar y acercarse a Dios en soledad en medio de la naturaleza. En este sentido, el huerto del convento fue para los frailes también un lugar de meditación y recogimiento.
Muchos de los huertos tradicionales, familiares, de policultivo, del Malinalco actual, son al mismo tiempo jardines: además de producir frutas y verduras nos importa que sean bellos y disfrutables.
El capitán más joven que llegó con Hernán Cortés a Mesoamérica se llamaba Gonzalo de Sandoval. Libró y ganó muchas batallas. En el hoy estado de Veracruz, junto al río Coatzacoalcos, el invasor le puso por nombre Espíritu Santo a un lugar donde vivían comunidades del México antiguo y se apropió de una huerta tradicional que desde entonces tuvo por suya.
Sandoval le contó al cronista Bernal Díaz del Castillo, que era …la más hermosa… que se había visto en la Nueva España, así del gran concierto de la diversidad de árboles de todo género de fruta de la tierra, y otras de muchas rosas y olores… por donde venía el agua de un río que en ella entraba… y aparte las hierbas medicinales, y otras legumbres que entre ellos son buenas de comer.
DE AQUÍ PARA ALLÁ Y DE ALLÁ PARA ACÁ VIAJARON SEMILLAS Y PLANTAS


El viento, el agua, las pieles de los animales, las suelas de huaraches y zapatos, la ropa y el pelo de Homo sapiens; el excremento de aves frutícolas, dispersan las semillas a veces muy lejos de los árboles y plantas donde se produjeron. Lo mismo pasa cuando al comer alguna fruta las arrojamos a la tierra porque no son palatables, suaves o comestibles.
A partir del siglo XVI, las embarcaciones en las que viajaba Homo sapiens hicieron posible que muchas especies de plantas atractivas para nuestra especie pasaran de un continente a otro en muy poco tiempo.
Soldados, exploradores, arribistas, frailes… trajeron a la Nueva España buena parte de las semillas, plantas y arbolitos en crecimiento, originarios de los tres continentes hasta entonces conocidos por ellos: Asia, Europa y África. Algunos los llevaron primero a las Antillas para que se aclimataran y reprodujeran. En cualquier caso, fueron distribuidos en los conventos, entre ellos el de Malinalco, para que fueran sembrados o trasplantados, y para repartir a quienes pudieran cultivarlas.
En los solares y el convento de Malinalco convivieron el mastuerzo y el cempasúchil; cítricos, granados, nísperos, mangos y plátanos con aguacates, guayabos, papayas, colorines y zapotes chicos, prietos, blancos, amarillos, colorados y borrachos. Rosas, alcatraces y madreselvas fueron cultivadas al lado de dalias, girasoles, nardos, magnolias y cazahuates. Muicle, caléndula, cempasúchil y epazote empezaron a formar parte de las hierbas medicinales que se cultivaban en el convento y más tarde allende los mares, junto al romero, la albahaca, la borraja, el cilantro, la capuchina. En los huertos de Malinalco la gente empezó a cultivar también sandías, piñas, acelgas, coles y colecitas de Bruselas, rabanitos, cebollas y lechugas venidas de lejos.
Los huertos novohispanos fueron un festival de olores, colores y sabores. La comida incluyó ingredientes nuevos y nuevas preparaciones; curanderos y médicos de Europa, Asia y México incorporaron a su herbolaria plantas sanadoras que antes no conocían.
Las flores producidas en el convento de Malinalco eran llevadas al templo para adornarlo. Además formaron parte importante de celebraciones y fiestas; de las portadas de la parroquia y las capillas; de los arcos que se fabricaban para dar la bienvenida a algún personaje. Flores que requerimos aún hoy en las celebraciones de muertos y el acompañamiento a los difuntos, en las cuelgas de los manantiales, y para poner en los altares de las casas. Muchas plantas de flores serían cultivadas también en los huertos familiares, o nacerían silvestres cerca de los apantles, donde siempre había humedad.
EL mestizaje vegetal que se dio en los huertos de Malinalco aumentó la biodiversidad, multiplicó las opciones de alimentación y ha sido de tanto beneficio lo mismo acá como en buena parte del planeta, que ya no nos imaginamos la vida sin las frutas, verduras y legumbres originarias de tierras lejanas.
Entre 1584 y 1589, fray Alonso Ponce y su secretario, fray Antonio de Ciudad Real, hicieron un largo recorrido por los conventos franciscanos de la Nueva España, desde México hasta Nicaragua. Fray Antonio se encargó de tomar nota y escribir una relación detallada de estos viajes.
Podemos darnos una idea de cómo eran los huertos del siglo XVI a partir de la crónica que escribió fray Antonio de Ciudad Real sobre los conventos de la orden a la que pertenecían, que había entonces.
El convento de Tizimín… tiene una muy buena huerta y en ella hay muchos plátanos, zapotes colorados, aguacates, guayabos, ciruelos de la tierra, limas, limones, naranjos, cidros, higueras y algunas parras y mucha y muy buena hortaliza. Todo se riega.
En el convento de San Bernardino…hay una bonita huerta en que se dan plátanos, aguacates, guayabas y todo género de naranjas, pitahayas, piñas, uvas y mucha y muy buena hortaliza; riégase todo con su agua que viene del anoria [sic] del pueblo […]
… Izamal. En su convento dedicado a San Antonio, hay una huerta donde conviven aguacates, guayabos, ciruelos, naranjos, zapotes, granados, plátanos, parras, cocos y copali, una muy buena hortaliza y todo se riega con agua que con una noria se saca[1]
[1] Fray Antonio tituló su escrito, de varios tomos, Tratado curioso y docto de las grandezas de la Nueva España. El original se conserva en los fondos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y ha sido editado por el Instituto de Investigaciones Históricas de esta Universidad.

LOS HUERTOS ANTIGUOS DE MESOAMÉRICA
Homo sapiens llegó a este continente hace más de 11 mil años. Era nómada, recolector, pescador y cazador y vivía en grupos. No se sabe mucho de ellos pues forman parte de la prehistoria.
Imagínalos comiendo fruta de árboles silvestres que fueron encontrando en su camino, y escupiendo a su paso las semillas.
Y que en un momento dado se detienen durante unos meses en algún lugar donde ya saben que, en esa temporada del año, encontrarán comida en abundancia (para cazar, recolectar y cocinar), un buen clima y espacios dónde protegerse de otros depredadores. Comen, y lo que desperdician lo tiran por ahí cerca (al fin que es materia orgánica, diríamos ahora).
No necesitan ser muy curiosos para darse cuenta de que entre los desperdicios que han tirado han nacido plantitas que ya tienen sus raícitas y sus primeras hojas.
Como les fue bien en ese lugar, después de un año el grupo regresa y encuentra que ha crecido un viverito de plantas comestibles de las que les gustan y , sobre todo, arbolitos que en pocos años darán fruta como la que están comiendo.
Esta historia suena lógica. Parece una explicación infantil. De la infancia de nuestra especie, claro.
Todavía no hay agricultores, pero están a punto de aparecer. Y lo mismo sucede con los primeros huertos, que parecen ser parte del monte pero donde predominan los árboles frutales. Algunos investigadores sostienen que la existencia de estos huertos es anterior a la agricultura.
Y es que los árboles, a diferencia del maíz y las hortalizas, no se pierden al cosechar, permanecen. Si se les deja solos largas temporadas, al regresar ahí están. Seguramente más grandes y más copados de frutos. Los árboles atraen fauna que se puede cazar. Los árboles producen leña y sombra, llaman a las nubes y al agua, son hábitat de insectos, aves, mamíferos, hongos, musgos, orquídeas…
Hasta hace poco, era prácticamente imposible saber con certeza mucho de lo que sucedió a lo largo de miles de años de prehistoria. Sin embargo, la aparición de nuevas tecnologías ha logrado que los científicos puedan formular hipótesis y avanzar en el conocimiento del pasado remoto como nunca antes se había podido.
Recientemente, estudiosos de diversas especialidades trabajaron en una investigación sobre los orígenes de los huertos prehispánicos en varias regiones de Mesoamérica. Encontraron indicios de la existencia de los primeros que hubo, y les llamaron huertos incidentales; es decir, que crecieron en el monte sin la intención de Homo sapiens de crearlos[1] (nomás tirando basura).
El área que comprende Mesoamérica es una de las más ricas en biodiversidad del mundo. Y, dentro de esta, los ecosistemas que se dan en los climas húmedos y templados como los que predominan en el eje Neovolcánico, dentro del cual se encuentra Malinalco, es, naturalmente, megadiverso.
Conforme los grupos humanos se quedan más tiempo en un solo lugar, empiezan a seleccionar los mejores árboles y plantas; los cuidan, los protegen. Y los siembran cerca de donde viven.
Los huertos antiguos de Mesoamérica existen desde hace miles de años, porque son importantes para la supervivencia y evolución tanto de los grupos humanos que los crean, mantienen, aprovechan y heredan, como de la biodiversa flora y fauna que los conforma.
Los ha habido en la gran mayoría de las culturas de todo el planeta.
Funcionan.
Más de 10 mil años funcionando. Están probadísimos. Encontramos indicios de ellos en las huertas tradicionales de policultivo de Malinalco. Y, muchas veces mejor conservadas, en los huertos familiares de las comunidades. Una persona de El Platanar Malinalco me decía hace años: como un reloj, que todo el tiempo da la hora, estos huertos todo el año tienen fruta buena para comer… y para vender. A veces mango, a veces guayaba, a veces mamey, pero siempre algo hay.
Son muy importantes y están siendo revalorados en muchas partes del mundo, precisamente por su capacidad de permanecer a pesar de las crisis ecológicas como la pérdida de biodiversidad, la inseguridad alimentaria, los cambios en los ciclos del agua y otras consecuencias del cambio climático.
[1] Atlas Biocultural de Huertos Familiares de México. Chiapas, Hidalgo, Oaxaca, Veracruz y península de Yucatán. María de Jesús Ordóñez Díaz, coordinadora. UNAM, Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias, Cuernavaca, 2018

AÑOS 80 EN MALINALCO ¡PERO CÓMO HAS CAMBIADO!
A mediados de 1980 el paisaje que se veía desde lo alto de algunas de las montañas del pueblo de Malinalco, el cerro de los Ídolos por ejemplo, estaba tan tupido de vegetación que parecía un solo huerto. Y, en el valle, andando por calles y caminos de terracería, las casas casi se escondían entre la vegetación, veías en cada solar un vergel lleno de plantas, flores y árboles muy cerca unos de otros y sin embargo, en temporada, colmados de flores o fruta. Y trepadas entre las ramas, largas guías de maracuyá.
Huertos-jardín y jardines-huerto, pajaritos cantando, aromas de flores y de café tostándose, inmensas piedras formando hermosos tecorrales para detener el suelo fértil, marcar los límites entre los terrenos, señalar donde llegaba el ancho de la calle o el camino y apaciguar la velocidad de las aguas que bajaban demasiado rápido cuando llovía fuerte y tupido. Los tecorrales eran también guarida de iguanas, lagartijas, mazacuatas, insectos, arañas… y hábitat de plantas silvestres prosperando gracias a la humedad de la tierra que se acumulaba entre sus piedras; por eso había una infusión de hierbas a la que la gente llamaba té de tecorral.

Y EL HUERTO DEL CONVENTO ¿QUÉ SE HIZO?
Del huerto del convento de Malinalco queda una superficie de unos 12 mil m2, donde de unos años para acá han construido unos baños públicos con su jardín de pasto y una larga y ancha rampa de piedra rehogada. Del lado izquierdo se ve un conjunto de árboles y plantas que es un pequeño huerto biodiverso, y al fondo hay un sembradío de maguey mezcalero.
El espacio que queda destinado al huerto del convento se encuentra sub-utilizado desde hace muchos años.
En 1984 un grupo de personas se acercaron a la entonces Secretaria de Ecología, Alicia Bárcenas, para plantearle que en el huerto del convento de Malinalco se hiciera un Jardín Botánico.
La Secretaría apoyó la propuesta, contrató a algunos biólogos para empezar a diseñarlo, y se iniciaron los trabajos de exploración y salvamiento arqueológicos de ese lugar.
La propuesta de un jardín botánico en el huerto se suspendió al quedarse sin presupuesto. El sismo de 1985 hizo que se cancelaran los fondos asignados a este y otros proyectos gubernamentales. Era prioritaria la reconstrucción de los daños al país que este fuerte temblor ocasionó. La propuesta, sin embargo, fue retomada más de 25 años después.

LOS MURALES DEL CLAUSTRO
Lo que parece ser el registro más importante de la flora que vestía el huerto del convento, se encuentra plasmado en los murales del siglo XVI de su claustro.
Estos frescos del siglo XVI, fueron ocultados con varias capas de cal a los pocos años de haberse pintado. Gracias a eso no desaparecieron. En los años 1930s fueron parcialmente re descubiertos, y se llevaron a cabo algunas pequeñas restauraciones desordenadas y con muy poco presupuesto que pronto tiempo se suspendieron.

En 1986, Jeanette Favre Peterson, estudiante de Historia del Arte de la Universidad de California, viene a visitar a su mamá, que vivía cerca de Malinalco. Ella la invita a conocer el pueblo, el convento y los frescos del claustro, en proceso de restauración. Jeanette estaba buscando un tema para su trabajo de doctorado. Cuando vio los murales quedó, inmediatamente hechizada por ellos. Así nació mi tesis[1] Años después ella publica un valioso libro sobre sus investigaciones.
En 2012, un grupo de habitantes de Malinalco se reunió para impulsar nuevamente la propuesta de crear un huerto y jardín botánico en el convento.
Elaboraron un proyecto muy interesante y bien fundamentado en el que, entre otras cosas, incorporan el concepto de huerto-jardín, que incluye la parte placentera, estética, educativa y saludable y la flora y árboles de las huertas de Malinalco. Hicieron también un inventario de la flora más típica de esta región y sus principales características.
El grupo formó una asociación: Amigos del Jardín Botánico, y puso el Proyecto a consideración de los usuarios del convento y la parroquia.
Se lo presentó a los padres agustinos de Malinalco, de Chalma y a los de la ciudad de México;
A La Judea;
A las personas integrantes de las cofradías;
A los catequistas;
A los mayordomos de los barrios;
A los Vigías de Malinalco.
Propuestas tan importantes como la de incorporar al proyecto un Salón de Usos Múltiples, con un corredor por fuera del Jardín que llevara a dicho salón fueron añadidas a este. [2]
Todos parecían estar de acuerdo.
[1] Jeanette Favret. Conferencia sobre los murales del Convento, en El Tecorral Casa Comunitaria, Malinalco, 21 de marzo de 2026.
[2] El proyecto de jardín botánico que se elaboró con los cambios propuestos se puede consultar como anexo en esta entrada de blog.

Como marca la ley, el Convento en su totalidad es un monumento histórico, propiedad federal, cuya posesión y administración se encuentran a cargo de la orden agustina.
A pesar del consenso y de lo valioso del proyecto, el entonces párroco prefirió que no se hiciera nada. Cundieron los chismes: uno de ellos, que seguramente hay un tesoro en el huerto y se lo quieren robar… Muchos fieles se volcaron a defender el lugar en contra de los de fuera y toda la labor de los Amigos del Jardín Botánico (conformado por cierto por personas de Malinalco y avecindados de este pueblo desde hacía muchos años) se vino abajo.
El año pasado, 2025, volvió a hablarse de la importancia de impulsar el proyecto, y algunas personas afirmaron estar dispuestas a apoyarlo para que se haga realidad.
En una plática reciente sobre los murales del convento con algunos integrantes de Amigos del Jardín Botánico, alguien comentó que, como los huertos novohispanos, son mestizos: en su creación intervinieron monjes europeos y artistas indígenas. Por eso están representadas plantas locales y exóticas. Y la iconografía, es decir, las formas como están representada la vegetación y los animales, tienen elementos prehispánicos. Esos murales son un ejemplo de mestizaje cultural alrededor de las plantas, explican.
Ahora imagínate, dijo uno de ellos y los demás asintieron, que vas al convento, entras al claustro, conoces los murales, y luego vas al Huerto-Jardín Botánico y ves que esas plantas y árboles de los murales están allí, en vivo y a todo color. Te sientes orgulloso de Malinalco ¿verdad?
20 ARGUMENTOS POR LOS QUE VALE LA PENA RETOMAR ESA IDEA MARAVILLOSA
De concretarse el proyecto del Jardín Botánico Malinalco abrirá una ventana de oportunidades que traerá múltiples beneficios a Malinalco.
- El Jardín-huerto del Convento será el mejor lugar para mostrar plantas y árboles valiosos, como espacio educativo por excelencia.
- Los visitantes de todas las edades y condiciones: grupos escolares, estudiantes, académicos, personas de las comunidades, colonias y pueblos cercanos, turistas, gente de casa de fin de semana, conocerán la larga tradición de huertas de Malinalco y los árboles y plantas que las conforman.
- Entenderán cómo fue posible el mestizaje de flora y fauna que se da desde hace cinco siglos.
- Aprenderán a diferenciar flora endémica de flora originaria de flora adaptada y flora que desplaza (o invasiva).
- Apreciarán el valor agroecológico y cultural de las huertas tradicionales de policultivo de Malinalco.
- Conocerán un ejemplo de proceso de reciclaje del agua en el jardín botánico y sus bondades.
- Experimentarán el jardín botánico como un lugar sanador, de goce, relajación, meditación y unión con la naturaleza.
- Asumirán el Jardín como una herencia valiosa, común, de los antepasados de este pueblo.
- Conocerán algunas características de la herbolaria de Malinalco.
- El Jardín atraerá a visitantes y turistas que vienen porque les interesa conocer su riqueza arqueológica, histórica, cultural y ambiental.
- Albergará y reproducirá plantas nativas y endémicas amenazadas o en peligro de extinguirse en la región de Malinalco.
- Será un motivo más para sentirse orgullosos de Malinalco.
- Los visitantes valorarán la biodiversidad como una red de vida de la que formamos parte, gracias a la cual nuestra especie existe.
- Las actividades parroquiales tendrán un lugar adecuado y funcional dónde llevarse a cabo: un espacio de usos múltiples y salones amplios y suficientes.
- Serán capaces de encontrar algunas imágenes de la flora plasmada en los murales entre las plantas vivas del Jardín.
- Entenderán la importante función protectora de plantas vulnerables, amenazadas o/y en peligro de extinción, que cumplen los Jardines botánicos actuales de diversas partes del planeta.
- Serán capaces de reconocer y disfrutar de la tradición del uso ritual de flores y plantas.
- El huerto generará empleos temporales y permanentes, reforzando la economía local,
- Generará también actividades para estudiantes que hagan allí su servicio social.
- En suma, el Jardín Botánico será:
- Llave para abrir puertas al conocimiento, la educación y la resiliencia.
- Ventana de oportunidades.
- Proyecto clave que detona bondades: informa, recupera raíces, entusiasma, revalora la herencia cultural de Malinalco.
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