Corren los años 80 del siglo XX.
Malinalco, el pueblo, se ha conservado hermoso. Mientras, la mayoría de los asentamientos por los que pasamos para llegar a este destino sólo muestran el gris de los cubos de blocks de hormigón donde la gente vive o tiene sus comercios.
Las casitas rurales de adobe con su huerta de traspatio ya casi no existen en esos pueblitos. Ni las vetustas casas de techo de cuatro aguas que hubo en Joquicingo.
Todo se pasa.
Al mismo tiempo que saca de una cubeta de agua azul las hojas de maíz con las que va a tejer un tapiz, Paty Robles hace a la presente una pregunta: ¿Quién querría vivir en T…? orgullosa del lugar que eligió como su Casa: Malinalco.
¿Qué tiene este lugar que lo hace ser tan especial?
Un pequeño grupo que vive en Malinalco desde hace más de 40 años comenta: Primero, un paisaje natural que siempre se ha considerado sagrado. En términos modernos es un paisaje con una energía telúrica, con cualidades geológicas, edafológicas, geográficas, topográficas. Esa condición lo hace tener una energía especial. En todas las culturas de todo el mundo se han reconocido a lo largo del tiempo los lugares sagrados, mágicos, con algunas cualidades únicas.

Margarito Mendoza vio cómo bosques espesos y sombríos fueron perdiendo sus árboles en pocos años. Como los que había en Monte Grande y en Tecuanoxco. Al faltar árboles, el sol cae a plomo sobre el suelo y el viento caliente corre levantando polvo. La temperatura sube y el clima se hace más seco.
Pues anteriormente yo veía que las nubes se sentaban mucho en los cerros. Y ahora como que se sientan pero ya no como antes. Es que la nube… descansa en los árboles. Y ahora, como ya no tiene dónde sentarse, ya nomás en donde hay arbolitos allí se ponen unas cuantas nubecitas.
Dice Ángeles Mendoza… Cuando tengo problemas me gusta venir a Malinalco, ver sus montañas y decir: ellas han prevalecido tanto tiempo en pie… yo puedo hacerlo.
En un video llamado Ay Malinalco cómo te queremos, aparece Edgar Monroy, Gary, que sube a la montaña de las Tres Cruces para mostrar a la cámara cómo la gente se relacionaba con ese ecosistema.
Es temporada de secas. Gary hace ver que la mayoría de las especies de árboles han tirado sus hojas, como todos los años, pero hay algunos que no. El cacaloxuchitl hasta flores tiene. Un amate gigante siempre verde, cuyo tronco inmenso se abraza a las rocas, tampoco. Y un Tepehuaje cuya frescura permite sobrevivir a un hermoso insecto, también sigue verde.
Camina un poco y aparece un copal, cuya resina guarda en una botella de pet, Encuentra restos de una planta conocida como cola de zorro. Prueba la base de una; sabe que sus hojas secas aún conservan su sabor amielado.
Se acerca a un palo dulce que está cambiando de piel. Es muy correoso y resistente, dice. Para mí que los arcos (prehispánicos) eran de esta madera. Corta unas tiras, las trenza haciendo una cuerda, y muestra cómo tiene una resistencia muy fuerte. Para amarrar leña o lo que sea. Anuda con el lazo que acaba de hacer la boca de la botella donde guardó la resina de copal y la ata a su cintura.
Más adelante, siempre acompañado de la cámara, Gary entra a una cueva. Se sienta mirando el paisaje. Me pusieron el cavernícola porque no salía yo de aquí. Alrededor de esta montaña hay muchas cuevas. La masa que se levanta sobre ellas las oprime y las va triturando a paso geológico. En algún momento van a colapsar, comenta Gary. Se acerca a una enorme piedra plana y muestra a la cámara la evidencia de que aquí llegaron grupos humanos. De Teotihuacán, han dicho los expertos.
Labrados en ella hay orificios y líneas que parecen indicar un número. Él cuenta pasando un dedo sobre ellas; la evidencia es muy clara.
De regreso vemos unos pochotes, ceibas con sus pompones blancos en temporada, una especie de algodón mexicano y que, si nadie cosecha, el árbol tira al suelo colmado de semillas.
Recorriendo el monte de las Cruces, y más tarde al observar con cuidado el paisaje que se alza casi pegado al pueblo de Malinalco, la cámara se siente transportada a un pasado tan lejano como cuando los primeros grupos humanos, en su largo peregrinaje desde el norte de este continente, llegaron a este lugar y habitaron sus montañas.
Homo sapiens en las montañas
Una de las definiciones de monte del Diccionario de la lengua Española dice que es Gran elevación natural del terreno. Y también Tierra inculta cubierta de árboles, arbustos, matas o hierbas.
En las montañas y montes Homo sapiens, evolucionó. El origen de nuestra especie es montaraz. El monte nos alimentó, nos protegió, nos crió sanos y fértiles. Hoy las montañas son el refugio de la mayoría de la vida silvestre.
Hasta ahora, en Malinalco las montañas siguen compartiéndonos también aire y agua puros y la dicha de verlas majestuosas. Sus cimas suaves invitan a subirlas, pero sus agrestes precipicios las hacen parecer imposibles de conquistar, aunque esconden senderos amables para quienes insisten en caminarlas. Desde el pueblo, en el valle, se vislumbran barrancas siempre verdes y tupidas de vegetación, los bosques de galerías, y accesos a grutas, flanqueados por inmensas raíces de amates. En su interior mora la energía de Tepeyóllotl, corazón del monte. Centinelas del valle, inmensos espíritus elementales, dadores de leña, agua, copal, mejora para los suelos; otate, palma, chapulixtle para cercar y techar; plantas medicinales, fibras, alimento, biodiversidad. ¿Qué más?
¿Sabemos el peligro en el que estaríamos si permitimos que sean destruidas?

Siglo XXI
La identidad de Malinalco está fuertemente comprometida con la naturaleza pródiga, lunar, mágica e íntima de sus montañas. Los grupos humanos que se asentaron aquí establecieron desde tiempos antiguos una relación que es un tesoro. Desde lo más profundo del corazón, la gente grande lo sabe.
Sin embargo, la gente grande de Malinalco también dice convencida:
Hoy ya es otro tiempo.
La memoria del pueblo se pierde. La que propicia proteger las montañas y sus bosques sagrados. La que fortalece el tejido comunitario y la habitabilidad de nuestra Casa, desaparece a ojos vistas.
Pero… ¿Y los adultos jóvenes qué dicen?
Casi en un susurro, como si fuera parte de un sueño, me explica un vecino: Si tú les preguntas si este es un paisaje sagrado, en automático te dicen que sí. Pero ya no te pueden decir qué quiere decir, y menos por qué es sagrado.

Es otro tiempo. ¿Cuál?
Aún hay montañas boscosas que son fábricas de agua, que guardan en sus profundidades. Si el temporal es bueno se las ve llorar cuando ya no caben en sí, y aquí y allá les brotan manantiales que se desbordan en arroyuelos.
El clima es fresco gracias a sus bosques y a las huertas tradicionales tupidas de árboles de diversos tamaños, edades y especies. En las estaciones de calor seco, agradecemos la sombra fría de los cuajinicuiles y l os enormes fresnos mexicanos cuyas semillas brotan por doquier. Sin ellas será imposible sobrevivir al cambio climático.
Montañas en peligro
Las hermosas montañas de la cuenca de Malinalco están protegidas por la Ley General de Desarrollo Forestal Sustentable, por la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas, por dos decretos estatales, por el Plan Municipal de Desarrollo Urbano y el Plan de Desarrollo Municipal; por la Ley General de Protección Ambiental y la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente; por la ley de Aguas Nacionales, por el Bando Municipal, por la Comisión Nacional y la Comisión Estatal de Áreas Naturales Protegidas, por la Ley de Biodiversidad, por el Instituto Nacional de Arqueología e Historia, por la Ley General del Equilibrio Ecológico, por la Comisión Nacional Forestal, por los tratados internacionales de cambio climático que promueve la ONU.
Las leyes las protegen pero no es suficiente
Sobre todo, si los organismos encargados carecen de presupuesto para hacerlas valer.
Sobre todo, si los gobiernos han permitido que el crimen organizado arrase con los bosques.
Sobre todo, porque no hay interés ni programas efectivos para que comuneros y ejidatarios aprendan a aprovechar la riqueza forestal de sus tierras de forma sustentable, económica y regenerativa.
Sobre todo, cuando los lazos comunitarios se han debilitado.
Es común que funcionarios del gobierno, en lugar de defender y cuidar los ecosistemas montañosos, aprovechen las contradicciones y fisuras de leyes y reglamentos, o simplemente los ignoren, permitiendo lo que estas prohíben. Por ejemplo: otorgan permisos para construir sobre las montañas; para perforar pozos profundos que mermarán la cantidad de agua del subsuelo afectando a los manantiales; para lotificar y poner a la venta cachitos de montaña; para talar bosques y en su lugar sembrar monocultivos de árboles de una sola especie…
El cuidado de las áreas naturales protegidas sólo será suficiente cuando quienes gobiernan el municipio y el Estado se comprometan con la preservación de los ecosistemas de las montañas, la población esté atenta para exigir a los servidores públicos que cumplan con las leyes, y los organismos encargados de procurar justicia hagan realmente su trabajo.
¿Será esto posible? ¿O tendremos que seguir padeciendo la destrucción de las montañas boscosas que hoy identifican el paisaje, la cultura y la vida de Malinalco?
Si la mayoría de las personas cuidamos los ecosistemas montañosos de nuestra Casa, lograremos que siga siendo habitable. Encuentra qué te toca hacer.
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